Europa y Rusia, sonámbulos hacia la guerra

Foto: refinería Novoshakhtinsk – Rusia

La actitud de Europa hacia Rusia, superpotencia nuclear, contrasta con la de Estados Unidos, que evitó humillarla durante la Administración Biden, y bajo Donald Trump se retiró lisa y llanamente de la guerra. Europa quedó sola, y con Alemania a la cabeza redobló su ayuda militar a Ucrania.

Con su guerra tecnológica y la ayuda militar europea, Kiev ha logrado empantanar al ejército ruso. La Unión Europea aprobó un paquete de ayuda a Ucrania de 90.000 millones de dólares. Arrinconado, Vladimir Putin es impredecible, como dejó claro uno de los más poderosos industriales rusos en una entrevista de casi 60 horas con The Economist, que le dedica ocho páginas en su edición del 11/7, tituladas “El hombre que cambiaría Rusia”.

Por primera vez, The Economist afirma que la administración Biden evitó humillar a Rusia. Washington prohibió el envío a Ucrania de misiles de largo alcance que pudieran atacar el territorio ruso y redujo sustancialmente los blancos rusos en el frente de batalla que suministraba a las fuerzas ucranianas en 2022.

Putin había amenazado con recurrir al arma nuclear en caso de derrumbe de su ejército convencional, en lo que algunos analistas consideran la peor crisis nuclear desde la de los cohetes en Cuba de 1962.

En mayo de 2022, menos de tres meses después de la invasión de Ucrania, un equipo de la 18 brigada aerotransportada del ejército estadounidense comenzó a enviarle al ejército ucraniano miles de blancos rusos, detectados con su plataforma de inteligencia artificial Maven, desde una base cercana a la ciudad alemana de Frankfurt, según reveló en su libro de 2025 la periodista de Bloomberg, Katrina Manson.

Tras la amenaza de Putin, el Pentágono repatrió a la 18 aerotransportada a fines de 2022, escribe Manson. Oficiales ucranios le dijeron que los reemplazantes les brindaron cada vez menos blancos, y dejaron de enviarles completamente blancos móviles.

En 2025, Trump dejó de enviar armamento a Ucrania y estableció que, si Europa quería enviarle armamento estadounidense, debía comprarlo y mandárselo por su cuenta. Trump también tomó distancia de la OTAN, y dejó planteada la interrogante de si defendería a Europa contra Rusia como lo hizo contra Alemania en las dos guerras mundiales del siglo XX. Esto desató una carrera armamentista entre Europa y Rusia.

La prioridad de Washington es su competencia con la potencia ascendente, China, y no Rusia, potencia declinante, aunque con miles de cabezas nucleares. Trump y sus huestes MAGA desprecian a Europa, la consideran decadente, multirracial, no confiable, y la acusan de haberse aprovechado de Estados Unidos para su defensa, lo que la fragiliza aun más.

En realidad, la extrema derecha nacionalista estadounidense se ceba con Europa porque encarna lo que ellos quieren destruir, la democracia liberal, la división de poderes, el pluripartidismo, las libertades fundamentales, los derechos humanos, la diversidad, el multilateralismo. Apoyan a la ultraderecha europea porque quieren una Europa de naciones, afín y débil.

Andrey Melnichenko, uno de los más poderosos industriales rusos, con intereses dominantes en petroquímica (fertilizantes), carbón, generación eléctrica, declaró a The Economist que en su país “la guerra en Ucrania es considerada inequívocamente como una guerra entre Rusia y Occidente”. Estimó que existe una preocupante alta posibilidad de que se derrame a otros países. No descarta la utilización de armas nucleares. “Estamos en territorio desconocido”, subrayó.

Melnichenko pide a Occidente que resista la tentación de presionar la guerra hasta sus límites. Considera que su país está en un “callejón sin salida”. Plantea cuatro escenarios posibles, ninguno atractivo para la elite rusa.

  • Rusia reintegrada al orden Occidental pero confinada a su periferia, en una situación de vasallaje. Una Rusia derrotada y humillada generará un revanchismo agresivo, vaticina Melnichenko
  • Rusia integrada en forma permanente a la órbita china como zona tapón, proveedora de materias primas. “China está contenta de beneficiarse de la asimetría en la relación, pero no tiene apuro en formalizarla”, subraya.
  • Rusia puede caer un conflicto civil, o colapsar en anarquía, con jefes de guerra peleando por el control de recursos y armas nucleares.
  • El cuarto escenario promovido por los servicios de seguridad y seriamente discutido en el Kremlin es un encierro al estilo Corea del Norte, sostenido en militarismo, represión, aislamiento, racionamiento e inestabilidad exportadora. “Rusia atrapada en la mentalidad de una fortaleza permanente transformará a la confrontación exterior en instrumento permanente de dominación política”, afirma.

El desafío que se plantean Melnichenko y las elites rusas es evitar esos cuatro escenarios y sobrevivir, que Rusia se convierta en lo que llama “un país soberano”, que priorice el bienestar de su pueblo y que sea predecible para el mundo exterior. Para este industrial, “soberanía” se traduce en influencia política de las elites con intereses en el país, estima que los ciudadanos también pueden aspirar a tener influencia. “La grandeza de un país se basa en la protección de las libertades y propiedades de su pueblo.”

Lo cierto es que desde hace unos meses, por primera vez desde 1941, cuando Alemania invadió Rusia, se encuentra bajo ataque. Ucrania bombardea refinerías y otros objetivos profundamente dentro del territorio ruso, ataca Moscú y San Petersburgo, bloquea le península de Crimea, hundió decenas de buques rusos en el Mar Negro, ataca con drones la logística de las fuerzas rusas hasta 200 kms detrás de sus líneas de frente.

Con asistencia occidental, Ucrania ha desarrollado una guerra de alta tecnología con drones, robots, la plataforma Delta de inteligencia artificial para selección de blancos, un sistema antidrones con sensores de sonido. Desde 2025, Polonia le paga el servicio de Starlink de internet satelital de Elon Musk, que recientemente le fue cortado a las fuerzas rusas. Le faltan sistemas de defensa antimisiles, como los Patriot estadounidenses, que se agotaron en la guerra contra Irán.

El frente de batalla en Ucrania está estancado. La ofensiva de verano rusa hasta ahora ha sido un fracaso, avanzan muy lentamente a un costo altísimo en bajas. Kiev no recupera territorio y tiene serias dificultades de reclutamiento. Las bajas rusas son entre 217.808 según una investigación de la BBC, contra entre 100.000 y 140.000 muertos ucranios según The Economist. Las deserciones del ejército de Ucrania se calculan en unas 300.000, informó esta revista británica. La UE decidió otorgar residencia a ucranianos en edad de servir solo si presentan certificado de que ya cumplieron con su obligación militar. Signos de malestar aparecen en Rusia, no solo entre la élite sino también en su ejército y en las redes sociales. En Ucrania, los casos de corrupción y las crisis políticas se suceden.

Mientras tanto, las relaciones diplomáticas entre Europa y Rusia están interrumpidas. La mayoría de los países europeos cortaron todas las líneas oficiales de contacto con el Kremlin tras la invasión de Ucrania. No hay comunicación. Hasta ahora la diplomacia de crisis para evitar una escalada fue realizada por Trump y su enviado especial a Rusia, el multimillonario inmobiliario Steve Witkoff.

La seguridad de Europa frente a Moscú se ha deteriorado, según escribe el director del Centro Carnegie Eurasia Rusia en Berlín, Alexander Gabuev, en el número de julio/agosto de la revista Foreign Affairs. Esto ha dado lugar a “una carrera armamentista descontrolada, operaciones hibridas rusas en Europa, como ataques incendiarios en el Reino Unido e incursiones de drones en Europa del Este, y a un riesgo creciente de confrontación militar”, según este analista.

Putin ha declarado públicamente que “Rusia enfrenta no solo a Ucrania sino a toda Europa, porque el continente suministra a Kiev armas, inteligencia, entrenamiento militar, tecnología y financiamiento general”, destaca Gabuev.

“El Kremlin planea aumentar masivamente su presencia militar a lo largo de las fronteras con la Unión Europea. Está incrementando rápidamente sus arsenales de misiles y de drones, en momentos en que los últimos acuerdos de control de armamentos entre Rusia y la OTAN han sido destruidos”, destaca.

“Europa también aumentó las capacidades de sus misiles de larga y media distancia. Está incrementando su producción de drones y probando nuevos sistemas de armas. Varios países europeos están diseñando estos sistemas específicamente para atacar el corazón del territorio ruso. Algunos lideres europeos hacen planes para extender el sistema de disuasión nuclear, con Francia patrullando los cielos europeos con sus bombarderos estratégicos o con el desarrollo de sus propias armas nucleares por estados europeos”, según Gabuev.

Considera que “estas medidas no impedirán un conflicto por ellas mismas, si no existen salvaguardias y canales de comunicación. Estos arsenales en aumento pueden llevar a errores de cálculo y escaladas a medida que aumenta el temor de cada lado y se basan cada vez más en automatización e Inteligencia Artificial, que pueden ser manipulados por actores exteriores.”

Concluye que Rusia y Europa están en peligro de repetir los acontecimientos más peligrosos de la Guerra Fría, como las crisis de misiles de los 70 y los 80 cuando Moscú desplegó misiles de alcance medio en Europa del Este y la OTAN respondió desplegando misiles estadounidenses en Europa Occidental, pero sin los canales existentes entones entre la Casa Blanca y el Kremlin.

Europa tiene que abrir su propio canal de alto nivel con Putin. Varios lideres europeos han planteado esta necesidad para reducir la tensión y evitar una guerra más amplia, el presidente finlandés Alexander Stubb, el presidente francés Emmanuel Macron, la Primera Ministra italiana Giorgia Meloni.

No queda claro quién representaría a Europa ante Putin ni cual sería la agenda. Tampoco si Putin está interesado en hablar con Europa, o si sigue considerando a Trump como único interlocutor.

Melnichenko afirma que “el fin de la guerra en Ucrania depende de imaginar el futuro, lo que nadie en Rusia ni en Occidente está en condiciones de hacer”. En Rusia “todos tienen intereses diferentes, pero existe un consenso de que se perdió una idea clara sobre el futuro”, dice este industrial ruso que colabora con el esfuerzo de guerra de Putin y se acomoda a su poder.

Está convencido que el desafío que Rusia enfrenta es tan severo que necesita una participación más amplia. Hombres de negocios, lideres de la sociedad civil, nacionalistas, tecnócratas deben involucrarse. Ese sistema político sería una oligarquía, el gobierno de las elites. El “debate interno sobre lo que Rusia debe devenir es inevitable y será intenso”, según el industrial.

Melnichenko estima que Putin debe renunciar a su autocracia apoyada en los servicios de seguridad, los “siloviky”, y compartir el poder con la elite, los oligarcas, a quienes dejó gozar de sus fortunas viviendo en el extranjero siempre y cuando no incursionaran en política en Rusia. Empujados por las sanciones occidentales y las amenazas a su patrimonio por parte del régimen, regresaron a Rusia para defender sus industrias e incidir en el futuro del país.

La guerra desató una rapacidad que no había existido durante décadas, según The Economist. Desde 2023, activos evaluados en 60.000 millones de dólares fueron nacionalizados o entregados a empresarios leales. Fue la mayor redistribución de propiedad desde las privatizaciones masivas de los 1990s, tras la disolución de la Union Soviética.

Melnichenko, que desde 2004 residió sucesivamente en Francia, Suiza y Dubai, empezó a pasar más tiempo en Rusia en 2023 y pudo salvar una generadora de energía de su propiedad haciendo una donación de 335 millones de dólares a un proyecto educativo caro a Putin. La misma suma que le costó la generadora. Ahora está instalado en Rusia.

La Rusia que pretende Melnichenko “no tiene por qué serle conveniente a Occidente o a China”. “Tiene que preocuparse primero de sus propios ciudadanos y ser predecible y racional para el mundo exterior. Puede que sea un socio difícil para Occidente, pero no es un agujero negro. Puede serle menos dócil a China que un estado cliente, pero es más seguro que un gran estado vasallo volátil”.