Las crónicas de Mario Duran

Como homenaje póstumo, me propongo publicar esta novela inédita de mi colega y gran amigo Mario Duran, que murió hace algunos años.

Foto: Centro clandestino de detención y tortura La Tablada | Daniel García

Prólogo

No soy escritor. No pasé la vida trabajando la belleza del texto, la complejidad del relato, la novedad de la forma. No precisé de la escritura para sobrevivir. Aunque me pasé la vida escribiendo para vivir. Pero escritura desechable, la que antes servia para envolver la carne y prender el fuego, y ahora para llenar internet de bites perecederos. Delete.

Al final de mi vida, me quedaba una tarea pendiente. Contar qué fue de nosotros, mis amigos y yo, los que nos rebelamos cuando estudiábamos, los que abrazamos la violencia siguiendo el mal camino, los que fuimos presos y torturados aun muy jóvenes, los que pudimos eludir la muerte y sobrevivir errantes, y los que no. Mi generación perdida. Como vivimos, nos equivocamos, crecimos, nos desarraigamos, y aprendimos, o no. Y qué mejor manera de invertir el tiempo libre en un último ejercicio de comunicación.

K, el yo literario de Kafka, dice que escribir una revisión de la propia vida, como tuvo que hacer él para enfrentar su Proceso sin acusación concreta, es un “triste trabajo… quizás bueno para ocupar al espíritu debilitado de un jubilado y ayudarle a pasar los largos días”. ¡Exactamente!

Mis crónicas no son un examen de conciencia, no pretendo expiar mis culpas con la escritura. Tampoco son memorias, un genero de la Historia reservado a los protagonistas, que exige rigor, investigación, documentación. Aunque los protagonistas a menudo maquillan el pasado para justificarse, o reinventarse. Y yo no fui protagonista, solo un hombre de mi tiempo, testigo de mi época.

Me gusta el genero en que el autor se cuenta a sí mismo y a sus circunstancias. Las Confesiones de San Agustin, los Ensayos de Montaigne, Ecce Homo de Primo Levi.

Otros escritores recurrieron a la ficción, a la novela, no solo para construir universos nuevos, para profundizar en la condición humana, explorar su época, la historia. Lo hicieron también para contar sus experiencias de vida, y al mismo tiempo preservar su intimidad y la de otros, no lastimar, evitar el escándalo.

Escándalo igual hubo. Schoenberg le hizo un juicio a Thomas Mann por Doctor Fausto. La Tia Julia se enojó con el Escribidor.

Mis crónicas son libres, subjetivas, contaminadas por mí, por mis recuerdos. Son concisas y rápidas, como yo viví. ¡Y ojo, la memoria está viva!.

Así que si alguien cree reconocer a uno de mis personajes, puede que no sea pura casualidad. Pero eso no quiere decir que lo que yo cuente sea cierto.

Mis crónicas son híbridas. Quiero contarlo todo, como los escritores del yo, y reflexionar sobre la época que me tocó vivir, sobre las sociedades que conocí.

Los invito a leerme, a inventarme, así como a mi alter ego Rafael Ordocci.

Pueden escribirme a soymarioduran@gmail.com. Prometo leer los mails, aunque no me comprometo a contestarlos.

Espinillar del Cufré, agosto 2019