Trump quiere recuperar el maná petrolero de Venezuela de la primera mitad del siglo XX

Foto: SVIP

Donald Trump quiere volver a la primera mitad del siglo XX en Venezuela, cuando las “majors” estadounidenses se enriquecían con las inmensas ganancias que les reportaba un petróleo casi que regalado.

Un visionario venezolano Juan Pablo Perez Alfonzo comenzó a ponerles limites primero en Venezuela y después en el mundo, porque fue el gran arquitecto de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en 1960.

Antes, en 1948, como ministro de Fomento en la corta presidencia del escritor Rómulo Gallegos, autor de la emblemática Doña Bárbara, Pérez Alfonzo les impuso el “fifty-fifty”, por el cual debían pagar al Estado venezolano 50% de sus ganancias. Otros países productores como Arabia Saudita siguieron su ejemplo.

Pocos meses después, Gallegos fue derrocado en 1949 por militares que acusaban a su gobierno de comunista. Gallegos denunció a Estados Unidos como inspirador del golpe. Pérez Alfonzo se exilió en Washington, donde se dedicó a estudiar la Texas Railway Comission (TRC), que regulaba el mercado petrolero estadounidense, el mayor productor del mundo, para evitar fuertes variaciones de precios.

Tras la caída en 1958 del dictador y general Marcos Pérez Jiménez, asumió la presidencia el socialista Rómulo Betancourt, que nombró a Pérez Alfonzo ministro de petróleo. En 1960, éste participó como observador en el Congreso Petrolero Arabe en El Cairo. Allí conoció a Abdullah al Tarik, futuro ministro de petróleo de Arabia Saudita, y le propuso crear una organización de países exportadores inspirada en la TRC estadounidense para fijar cuotas de producción y administrar los precios. Venezuela y Arabia Saudita eran los mayores productores de petróleo después de Estados Unidos.

Meses después fue fundada en Bagdad la OPEP, integrada por Arabia Saudita, Irak, Irán, Kuwait y Venezuela. Ese mismo año se creó la Corporación Venezolana de Petróleo, antepasada de PDVSA.

Hasta entonces la industria petrolera era completamente dominada por Las “Seven Sisters” o 7 Hermanas, un oligopolio de las siete mayores compañías petroleras del mundo, que se repartían las concesiones y fijaban los precios. Eran cinco estadounidenses, tres de las surgidas en 1911 de la división de la Standard Oil de la familia Rockefeller por la ley antimonopolio, la Gulf Oil de la familia Mellon y la Texaco, la británica Anglo-Iranian, y la holandesa Shell.

El economista francés Gabriel Zucman estima que el maná petrolero venezolano que codicia Trump podría ser del orden de los 100 mil a 150 mil millones de dólares anuales, si el magnate logra restablecer las condiciones financieras de mediados del siglo XX para las empresas estadounidenses.

Llega a estas cifras tomando como base la producción de Aramco, la gran empresa saudita que produce un promedio de 9 millones b/d. Arabia Saudita tiene las segundas reservas del mundo detrás de Venezuela, que produce 1 millón b/d y su máximo histórico fue de 3,7 millones b/d en los años 1970.

Trump pidió a las petroleras que inviertan 100.000 millones de dólares en Venezuela en una reunión celebrada el viernes 9 de enero en la Casa Blanca. Estas se mostraron reticentes. El director ejecutivo de ExxonMobil, Darren Woods, declaró que “les expropiaron dos veces sus activos así que para invertir una tercera vez tendría que haber cambios significativos de lo que históricamente experimentamos y del estado actual”, según la BBC.

Por otro lado, hay que ver si los herederos de Maduro rendirán a Trump las reservas petroleras de Venezuela de 300 mil millones de barriles o 17% de total del planeta.

Cómo el petróleo de Venezuela enriqueció a Estados Unidos

La producción petrolera en Venezuela comenzó en 1910, bajo los gobiernos dictatoriales de militares de la región de los Andes, que dominaron el país entre 1899 y 1945. Zucman escribió en su newsletter que esta producción comenzó con un vicio fundacional: el petróleo era prácticamente regalado a las majors extranjeras.

El dictador Juan Vicente Gómez, que dominó el país entre 1908 y 1935, brindó concesiones extremadamente generosas a las empresas estadounidenses y británica, que rápidamente comenzaron a producir en el lago Maracaibo, al oeste del país.

En 1929 Venezuela ya era el primer exportador mundial con 10% de la producción del hidrocarburo y se convirtió en el primer receptor de inversiones estadounidenses y su principal fuente de ganancias en el extranjero, escribe Zucman, especialista en fiscalidad. Después de la Segunda Guerra Mundial las empresas de Estados Unidos impusieron su dominio absoluto en Venezuela.

En 1957 las ganancias registradas por las majors estadounidenses en Venezuela eran equivalentes al conjunto de beneficios realizados por todas las multinacionales estadounidenses, en todos los rubros, en los otros países de America Latina y Europa continental, destaca Zucman. Considera que Trump quiere dominar el petróleo venezolano como en aquella época, cuando el equivalente al 12% del PIB venezolano iba a los accionistas estadounidenses, una suma equivalente a los ingresos del 50% más pobre.

La Venezuela Saudita

Fueron los años de la “Venezuela Saudita”, del hiperconsumo de las clases altas que iban regularmente a Miami a hacer sus compras, y del surgimiento de los “barrios”, las casitas precarias de ladrillos en los cerros que circundan el Valle de Caracas, donde se apiñaron las clases populares.

La elite de Venezuela imitó el “American Way of Life” como ninguna otra en America Latina. Allí vivía la mayor comunidad de expatriados estadounidenses del mundo y sin duda la mejor paga.

El choque petrolero de 1973 durante de la guerra del Yom Kipur, trajo años fastos para Venezuela, de corrupción y despilfarro. Una década después, Venezuela no podía pagar su deuda externa y debió someterse al FMI. El recorte de los subsidios a la gasolina provocó en 1989 el Caracazo, una rebelión popular reprimida por el ejército con cientos de muertos.

El petróleo pesado de la franja del Orinoco, elevó en 2010 las reservas de Venezuela a ser las mayores del mundo. Antes se lo consideraba bitumen, que solo servía como combustible para generadores de electricidad en sustitución del carbón, pero los diluyentes permitieron su explotación.

En los años precedentes, las empresas mixtas de PDVSA y las petroleras extranjeras construyeron los mejoradores, grandes plantas industriales altamente automatizadas que transformaban el petróleo pesado en uno liviano comparable al West Texas, el petróleo de referencia estadounidense.

En 2007 el gobierno de Chavez limitó al 49% la participación de los socios extranjeros en las empresas mixtas. Exxon Mobil y Conoco Philips no lo aceptaron, perdieron sus contratos y reclaman indemnizaciones por unos 60.000 millones de dólares, según The Economist.

Tras la muerte de Chavez en 2013, Nicolas Maduro asumió la presidencia. En 2017, el primer gobierno de Trump le aplicó duras sanciones que provocaron la retirada de las petroleras extranjeras de Venezuela, incluidas las dos principales chinas, y el fin de sus exportaciones hacia Estados Unidos, hasta entonces su principal cliente.

China se convirtió en el principal comprador del petróleo venezolano. En 2025 absorbió un 80%, que sin embargo representó solo el 4% de sus importaciones, según The Economist.

Joe Biden autorizó en 2022 a la Chevron volver a operar en Venezuela. La administración Trump revocó esa autorización en abril pasado y tras negociaciones con la entonces ministra de petróleo y vicepresidenta, Delcy Rodríguez, autorizó su reanudación en octubre.

La actual presidenta encargada estableció así un canal de comunicación con la administración Trump a través de Chevron, según el New York Times y el Washington Post. Otro canal fue el vínculo establecido entre el enviado de Trump para Venezuela, el diplomático Richard Grenell, y Jorge Rodríguez, hermano de Delcy y presidente de la Asamblea Nacional.

En 2024 Delcy creó los Contratos de Participación Productiva (CPP), que según el medio venezolano en el exilio Armandoinfo fue “una suerte de fórmula privatizadora” que atrajo inversores extranjeros como el magnate petrolero estadounidense Harry Sargent III, amigo de Trump.

Chávez y el petróleo

En 1999 el teniente coronel Hugo Chávez, que había fracasado en un intento de golpe de Estado en 1992 tras el Caracazo, asumió la presidencia. Asesorado por el presidente cubano Fidel Castro, adoptó un modelo de castrismo con elecciones. El establishment desplazado resistió, y Venezuela se convirtió en terreno de confrontación entre dos fuerzas que movilizaban a decenas de miles de personas en las calles de sus ciudades.

La confrontación alcanzó su paroxismo en abril de 2002 cuando los mandos militares detuvieron a Chávez tras la represión de una manifestación gigantesca de la oposición desviada por algunos de sus dirigentes hacia el Palacio de Miraflores, detenida a balazos con varios muertos. Chávez fue llevado a la isla de Orchila en el Caribe.

Un general leal, Isaias Baduel, se rebeló contra los golpistas y marchó con los tanques del regimiento de Maracay hacia Caracas. Chávez fue liberado. Posteriormente, Baduel se opuso a Chavez y terminó sus días en la cárcel.

Después del golpe frustrado, quedó en evidencia que Chávez no atribuía legitimidad alguna a la oposición. El camino hacia el despotismo quedó despejado.

Su primera medida fue tomar el control de la compañía petrolera PDVSA, destituyó a su directiva y la jerarquía de la compañía declaró una huelga indeterminada. Chávez los fue despidiendo uno a uno. La producción quedó virtualmente paralizada durante los 63 días de huelga, cayó de 3 millones de barriles diarios a unos 300.000.

Posteriormente la producción se recuperó pero ya no llegó a los niveles de los primeros años del gobierno Chávez, de poco más de 3 millones b/d en 2000 y 2001. En 2004 era de unos 2,5 millones b/d, el promedio de su gobierno hasta su muerte en 2013.

Chávez utilizó el petróleo para asegurarse una clientela entre los sectores populares venezolanos, y como herramienta de política exterior Se convirtió en salvavidas de Cuba, que sufría la pérdida del petróleo de la ex Union Soviética. También lo vendía en condiciones preferenciales a sus vecinos del Caribe, como ya lo había hecho el presidente socialdemócrata Carlos Andrés Pérez.

Como ocurrió siempre en Venezuela, el control de la explotación del petróleo con los miles de millones de dólares que distribuía PDVSA entre sus proveedores, surgió una nueva capa dominante, la “boliburguesía”. Lo mismo sucedió bajo las dictaduras de los militares andinos y durante los gobiernos democráticos de la cuarta república (1955-1988). PDVSA siempre en el epicentro de la corrupción.

La estatal petrolera pasó a ser el caballito de batalla de Chávez para todo tipo de actividades, un sucedáneo del Estado, porque era la única empresa pública con niveles de eficiencia. Bajo su presidencia se fue agravando su declive. En los 26 años de chavismo, decenas de miles de ingenieros, geólogos, técnicos se fueron a trabajar a Colombia, a Canadá, a Estados Unidos. PDVSA tiene 70.000 empleados y es manejada principalmente por militares, según The Economist.

Chávez desafía a su némesis: Estados Unidos

Durante todo su gobierno, Chávez se benefició de la venta de petróleo a Estados Unidos, un promedio de un millón de barriles diarios pagados al contado. Debido al aumento de la demanda de China e India al promediar la primera década del siglo XXI su precio superó los 100 dólares el barril. Actualmente ronda los 50 dólares el barril.

Chávez despotricaba a diario contra el “imperialismo americano”, que financiaba su revolución, como lo había hecho su mentor Fidel Castro, pero sin la protección de la URSS, de la que gozó el líder cubano tras la crisis de los cohetes de 1962. De todas maneras, en esos años Estados Unidos no prestaba atención a América Latina, ni a Venezuela, concentrado como estaba en su guerra contra el terrorismo desde el 11 de setiembre de 2001.

Venezuela tiene tres refinerías en Estados Unidos de su empresa CITGO, que desde 2019 están administradas por Washington debido a las sanciones contra Maduro.

Las relaciones peligrosas del chavismo

Chávez mantuvo relaciones estrechas con las guerrillas colombianas, FARC y ELN. Durante el gobierno de Alvaro Uribe le servían como medios de presión en su conflictiva relación.

Maduro prosiguió sus relaciones con el ELN, que se niega a negociar la paz con el gobierno de Gustavo Petro, quien lo acusa de financiarse con el narcotráfico. El ELN opera sobre todo en la frontera con Venezuela, en el Catatumbo, en los Llanos.

Un investigador de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), Gerson Arias, afirma que el 70% del mando político y militar del ELN, conformado por 23 personas, se encuentra en Venezuela, lo que no es reconocido por las autoridades de Caracas. “Mientras en Colombia actúa como grupo guerrillero, en Venezuela ha funcionado como fuerza paramilitar afín al régimen y ha brindado apoyo directo a Maduro”, señala la FIP en un informe reciente citado por EFE.

La salida de cocaína por puertos del oriente venezolano, como San Juan de las Galdonas, en lanchas propulsadas por potentes motores fuera de borda para su entrega a embarcaciones oceánicas, no era ningún secreto ya a mediados de la década del siglo XXI. La complicidad de oficiales de la Guardia Nacional tampoco. Era mucho menor que el trasiego de cocaína desde otros países y se decía que su destino era más bien Europa.

Como lo dejó claro el propio Trump al indultar al ex presidente de Honduras, el evangélico Juan Orlando Hernández, condenado en Estados Unidos por narcotráfico, la acusación de “narcoterrorismo” contra Maduro fue solo un ardid para hacer creer que su cruento secuestro es “legítima defensa”.

Cuba tuvo una crisis similar en 1989, cuando el poder de Mijail Gorbachov se tambaleaba. Bajo el gobierno de George Bush padre, la DEA reunió pruebas de envíos aéreos a Estados Unidos por el cartel de Medellín desde la isla. Fidel hizo saltar los fusibles. Fueron juzgados y fusilados el jefe del Departamento de Moneda Extranjera del ministerio del interior, el coronel Tony de la Guardia y otros cuatro oficiales, incluido el general Arnaldo Ochoa, el héroe de la guerra de Angola, que nada tuvo que ver con las operaciones de narcotráfico. En ese momento, Fidel ofreció toda su colaboración a Bush en la lucha contra la droga.

Cinco meses después, en diciembre de 1989, el hombre fuerte de Panamá, Manuel Antonio Noriega, que colaboró con la CIA y también con el narcotráfico, fue secuestrado en una sangrienta operación militar estadounidense, juzgado y condenado a prisión.

Chávez estableció estrechas relaciones con China, Rusia e Irán. Sin la legitimidad y el carisma de su predecesor, Maduro endureció el régimen autoritario que heredó, y lo transformó en franca dictadura, con dura represión a los opositores y violación de sus derechos humanos. Estados Unidos le impuso sanciones en 2017; China, Rusia e Irán le ayudaron a contrarrestarlas. La economía debilitada por 18 años de chavismo se derrumbó y 8 millones de venezolanos abandonaron el país.

¿Y ahora qué harán, el chavismo descabezado y la oposición marginada?

En su lucha contra la oposición, Chávez utilizaba toda la fuerza del Estado, cambiaba las reglas de juego para neutralizarlos si ganaban cargos públicos relevantes, la justicia que controlaba los encarcelaba o los inhabilitaba.

Así se fue consolidando un liderazgo opositor que consideraba a Estados Unidos como la única tabla de salvación, con exponentes como Juan Guaidó y la propia María Corina Machado.

Esta oposición encontró su mesías en Donald Trump.

Lo que la oposición y tampoco el chavismo anticiparon fue que Trump impuso un cambio de época en su segundo mandato. En su confrontación con China, que le sacó significativas ventajas estratégicas, la superpotencia en declive reaccionó con virulencia. Trump impone relaciones de fuerza, coacción en lo que considera su área de influencia, y negocios abusivos en beneficio de su país y de su propia familia. La democracia no le gusta.

La oposición reivindica su derecho a gobernar tras las elecciones de 2024 que con actas en la mano reivindica haber ganado, lo que es reconocido en Occidente. El chavismo, que nunca mostró las actas, se aferra al poder.

El dilema del grupo de los cuatro, la presidenta encargada y su hermano, el ministro del interior Diosdado Cabello y el ministro de defensa Vladimiro Padrino: o se someten a Trump y entregan el petróleo, o resisten sean cuales fueren las consecuencias. La otra interrogante es si se mantendrán unidos o se enfrentarán por el poder.

El dilema de Machado: o regresa a Venezuela como sea para movilizar a sus seguidores para reivindicar el gobierno, o sigue sometida a Trump.

La primera prueba de fuego del grupo de cuatro es la entrega a Trump de los 50 millones de barriles de petróleo que quedaron atrapados en Venezuela debido al bloqueo de Estados Unidos, avaluados por The Economist en 3.000 millones de dólares, que Trump exige seguramente para pagar el despliegue militar en el Caribe y el secuestro de Nicolas Maduro y señora.